viernes, 2 de noviembre de 2012

Si fuera Bryce Echenique


Si fuera Bryce Echenique —con un vodka tonic para alcanzar la serenidad que no logro sobrio— repasaría los errores cometidos en mi literatura para entender por qué me insultan con palabras duras y ofensivas por el Premio Literario de la FIL Guadalajara. No me defendería de nada. Agradecería al jurado la distinción pero rechazaría el premio, por concedérseme en mi casa, como apestado, para que no me griten hasta las piedras si lo hacemos en plena Feria. Quizás eso salve parte del estropicio por los plagios de que me acusan. No haría más. Esperaría el purgatorio literario. El resto sería silencio.
Pero no. Ardió el pan en el horno. Ni quisieron saber nada de los que creen en mi obra (110, menos un arrepentido). Académicos, intelectuales, escritores de otros países (aunque no sean del centralista DF). Acarreados les dijeron por firmar a mi favor. No sabía que a los que piensan se les puede manipular así nomás. Algo tendrá mi obra para merecer las distinciones que ha tenido en otras partes del mundo, no solo en el México tan parecido al Perú: vivir con la cabeza enterrada a la tierra sin ver el resto del universo (Paz dixit).
Si fuera Bryce Echenique escribiría cómo la historia de un premio se convirtió en ficción. Un cuento largo o novela donde el escritor es el diablo contra esa sociedad que se dice civilizada. Donde las masas nunca se equivocan (es escarnio). Buenos o malos, punto. La Comedia de Alighieri como inspiración. Los libros como mentiras de la realidad. Yo, protagonista de la hoguera de vanidades, y un reportero que investigue sobre 30 textos plagiados por un escritor: Bryce Echenique. Un relato fantástico que no salve a los autores de sus rencores y debilidades, aunque sepamos escribir bien bonito (¡a la Inquisición!).
Pero como no soy Bryce Echenique, él aceptó el cheque de manos de Dulce María Zúñiga —que debe la reseña del evento privado para concluir esta ficción sobre un mundo intelectual decadente y moralista que adorna con pureza de palabras y no dimensiona el desprestigio que han logrado las letras y sus protagonistas.
Bryce recibió un dardo envenenado. Lo que importa poco para efectos del purgatorio literario. Será anécdota en lustros (la lista de plagiarios es enorme, ponga a su preferido. Me vale si creen que lo justifico). Si su literatura sobrevive, como los años de Un mundo para Julius, La vida exagerada de Martín Romaña o La amigdalitis de Tarzán, sus detractores ya no lo verán vivito y coleando. El diablo que fue es un alma que regresa a las letras. Suele pasar con escritores de calibre.
Bien por los escritores que al menos tienen un libro que casi llega a la década —o ya la cumplieron—, y llevaron la contraria a los improperios hacia el apestado: Xavier Velasco con Diablo guardián, Guillermo Fadanelli con Lodo, Jorge Volpi con En busca de Klingsor. Creo que eso puede dar una idea para otro texto de lo sucedido en el entuerto.

Coda
¿Quién escribirá la historia del puritanismo en los escritores?

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